¿A quién no le ha estallado en producción algo que juraría que estaba perfecto? No suele ser por falta de ganas ni de horas; es porque nuestro modelo mental del sistema tenía un punto ciego.

Esta charla va de una verdad incómoda: testear es, antes que ejecutar herramientas o picar código, un acto de imaginación. Si no eres capaz de imaginar un fallo, jamás vas a poder probarlo. Por eso, la calidad de nuestro testing no depende del framework de moda, sino de cómo pensamos. A casi todos nos enseñaron técnicas y herramientas, pero nadie nos enseñó a estructurar el pensamiento. Vamos a arreglar eso.


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